








EL PRÓXIMO AÑO 2010, concretamente el 27 de Agosto, el Círculo “El Liceo” cumplirá un siglo de existencia, en el que “aunque lentamente ha ido ocupando el sitio que le pertenece, dejando atrás algunos lastres sociales” como escribía Antonio T. Pineda en el reportaje que vio la luz en el suplemento “Zoco” del Diario “Córdoba” del pasado día 18 de Octubre y que titulaba “Cien años de Casino en Castro del Río con una visión social diferente”.
Para celebrar tan señalado acontecimiento, sus rectores están preparando con gran ilusión y esmero una programación de gran altura que su Presidente, Juan Manuel Luque Prados, y su Vocal de Cultura, Antonio Jiménez Muñoz, expusieron concienzudamente en un interesante acto que como pórtico a su desarrollo tuvo lugar en su salón de actos en la noche del 16 de Octubre, que culminó con un brillante concierto de violín y guitarra a cargo de los excelentes músicos Ángel Moreno y Pedro Granados.
Durante el mes de Noviembre se celebraron dos conferencias. La primera, el día
Las actividades previstas para Diciembre son:
Según informaron Juan Manuel y Antonio en el acto de presentación, a lo largo del próximo año continuará la programación con ediciones especiales de su Revista “El Mirador”, publicación de un libro histórico y anecdótico de la vida del casino, conferencias de Rafael Escuredo, José Rodríguez de
Desde estas páginas, el Círculo de Artesanos se congratula de tal efemérides, felicitando sinceramente a su homónimo “El Liceo” por su centenario, deseando que los actos conmemorativos del señalado evento se desarrollen acordes con la disposición y el entusiasmo con que sus organizadores están poniendo en el proyecto y con el mismo éxito de los celebrados hasta el momento.
PADRE
A Pedro la vida le acosaba como jauría cobarde que no se hubiera atrevido con él si no fuese un pusilánime al que la lucha cotidiana con Isabel, su mujer, le venía grande. Tan era así, que varias veces había pensado en hacer la pirueta postrera que le libraría definitivamente de ella, de todo lo que de desagradable había en su vida. Las únicas alegrías de su matrimonio eran Manolín y Marujita.
Dio siempre marcha atrás porque, al borde de una decisión drástica, le parecía inmoral dejar a sus hijos, frutos de un matrimonio arreglado por sus respectivas familias y engendrados casi como por obligación y todavía con menos de diez años el mayor, sin la cantidad mensual que, hasta alcanzar ambos la mayoría de edad, su seguro de vida les pasaría.
Y todo porque la póliza de la compañía aseguradora estipulaba en una de sus cláusulas que el suicidio no era una forma de muerte natural, como si no fuese natural morir a causa de suicidio. "En ciertos casos", pensaba Pedro, "una muerte natural puede ser accidental, ¿No es natural morir?" Nuestras vidas son los ríos... dijo el poeta, "no importa por qué cauce", corrigió Pedro. Porque en su pensamiento bullía la idea de hacer pasar su muerte como causada por accidente; y hasta había planeado cómo.
Había visto llegar su tren tantas veces a la estación de Torrelodones, donde vivía, o a la de Madrid, donde trabajaba (eso formaba parte de su diario ritual), que la velocidad resoplante de éste, el ruido de sus pesadas ruedas que hacían despedir chispas a los rieles, parecían haberle aconsejado que su solución estaba en fingir un súbito desvanecimiento y caer bajo el tremendo chirriar metálico que trituraría su cuerpo en unos segundos. Todo eso muy natural. ¿Se traicionaría a la hora de la verdad con algún gesto o movimiento involuntario que le delatara como suicida, invalidando el pago de la debida indemnización a sus hijos?
De Isabel, ni pensaba. Para su mujer, Pedro había sido siempre un pelele, y eso se remontaba hasta la época de su breve noviazgo, y no se consideraba ligado en absoluto a la arpía, a sus gritos destemplados por nada. La indemnización a sus hijos era lo que le preocupaba.
Tendría que decidirse, que hacer de tripas corazón, y fingir, fingir el accidente a completa satisfacción de 1a compañía aseguradora; ¿no llevaba años fingiendo?, ¿qué más daba una vez, la final? Y, repentinamente, le vino a la mente una idea que le pareció genial, a él que tan horro de ideas de todas clases había vivido hasta ahora. ¿Quién iba a creer en el suicidio de un hombre que regresaba a su casa con juguetes comprados horas antes para sus hijos? Sí, lo haría así: al salir de la oficina iría a una tienda de juguetes en la calle de Fuencarral ante la que pasaba diariamente y compraría los que se le antojasen; después se encaminaría hacía la estación del Paseo de
Compró una muñeca rubia de estúpida sonrisa y estilizada figura para Marujita y una pelota de colorines ("para jugar con Manolín", pensó, pero se dio cuenta en seguida de lo absurdo de su pensamiento).
Se encaminó a su destino con la gran bolsa de papel y, como siempre durante años, se dirigió a su andén, el número 2, una vez en la estación.
Miró el reloj que colgaba allá en el centro de la pared frontal y vio que en diez minutos, diez minutos...
Poco después volvió a mirar el reloj, 5,40. Ya estaría el tren saliendo de la estación de Atocha. Dos minutos más tarde, allá en la distancia, apareció su luz potente y pudo oír acercarse su jadeo metálico. Apretó contra el pecho la bolsa con los juguetes (la pelota "para jugar con Manolín") y esperó...
"Manolo, no seas pesado” siempre la misma respuesta. Y lo que ella deseaba, a lo que hubiera contestado con un sí rotundo si él estuviera dispuesto a preguntarlo, a Manolo no le parecía haber llegado el momento apropiado de hacerlo.
Estaban, como ella decía a sus amigas, enamoradísimos", pero "hasta la noche de bodas, nada de eso". Manolo, que había parecido al poco tiempo de estar en relaciones con Teresa dispuesto a pasar por el aro, empezó a tener sueños extraños en los que a menudo aparecía su padre, muerto unos años antes en inexplicable accidente cuando esperaba el tren de regreso a casa. Además, le venían a la memoria las frecuentes discusiones entre sus padres, las cuales empezaban por motivos nimios, absurdos, y acababan casi en batalla campal que siempre perdía su padre, que se batía siempre en retirada. Manolo temía, con buena razón (¿no decían todos que él era "el vivo retrato de su padre"?), que su matrimonio iba a ser copia del de sus progenitores.
Manolo sintió a veces la tentación de preguntar a Teresa cómo eran las relaciones entre sus padres, pero le pareció muy indiscreto. Él los conocía sólo superficialmente (de una sola visita) y le parecieron simpáticos, agradables, pero ¿no lo es todo el mundo en visita?
Si Marujita, su hermana, y Teresa fueran amigas, aquélla podría haber "investigado" el asunto para él, pero las relaciones entre ambas eran frías y, además, Marujita vivía con su madre y él en su pequeño apartamento.
Por fin, después de dedicar muchas horas pensando y repensando qué hacer, decidió lanzarse de cabeza al matrimonio como si éste fuese una piscina de agua lustral que purificaría el futuro con su Teresa. Vino la petición de mano, en la que los padres de ella echaron la casa por la ventana, las despedidas de soltero organizadas por amigos de él y amigas de ella, etc., etc. Y la fecha de la boda fue fijada para la primavera distante todavía tres meses...
Largo le pareció el plazo a Manolo; él hubiera querido que todo fuera como llegar y besar el santo, pues temía flaquear en su decisión durante la espera. Y ese temor se hizo más patente cuando un día Teresa le telefoneó para decirle que la licencia matrimonial no estaba lista todavía y tendrían que posponer la boda. Él pensó inmediatamente que
El doctor no supo qué decirle a Manolo porque, según él, no había causa o razón física que justificase los inoportunos dolores; concluyó que se trataba puramente de nerviosismo. Le recetó un tranquilizante y procuró, además, alentarle con palabras que quitaban toda importancia a "la cosa".
Teresa le esperaba a la salida del consultorio y, como no supo hacer nada mejor, Manolo mintió: "Nada, no era nada; sólo un pequeño desarreglo que, con estas tabletas que me ha recetado, desaparecerá en un santiamén; bueno, en un par de días o tres".
Esto ocurría seis antes de la fecha fijada para la boda (las invitaciones ya habían sido enviadas a su debido tiempo a parientes y amigos) y ella, virgen impaciente, como tantas veces desde que el compromiso fuera anunciado, le animó de nuevo, no muy veladamente pues no era dada a sutilezas, a tomarse un anticipo a cuenta del futuro himeneo en cuanto se sintiera mejor ("Después de todo, era lo que tú querías y ¿no nos vamos a casar enseguida?"), porque en sus entresijos ella sospechaba oscuras razones: "¿Será impotente? Si no lo es, ¿qué le pasa a este... hombre?", y le molestaba tanta timidez y gazmoñería. Hasta estaba un poco harta de esperar de él un gesto macho. "¿Es que no soy lo bastante atractiva, Manolo?".
Artificialmente tranquilizado Manuel, dos días después se encontraron en su cuarto de soltero y, nuevamente, convenció a Teresa de que era mejor esperar un poco, hasta tener la licencia; se sentiría casi casado entonces, intentó jovializar la expresión, y todo iría como sobre ruedas; además, ¿no tenían toda la vida por delante?
A ella no le quedaba más remedio que resignarse. Ahora le había llamado, explicando la razón del retraso. Y él dejó de escucharla, a pesar de que Teresa continuó habla que te habla. Manolo suspiró hondamente y deseó que nunca estuviera listo el detestado documento municipal.
En el fondo no quería casarse, temía que misteriosos peligros le acechasen en la vida matrimonial, peligros nacidos de su niñez sobresaltada en un hogar-infierno siempre furiosamente envuelto en llamaradas de estúpidas discusiones; él sólo había conocido a sus padres a través de un prisma de horas infelices, interminables y doloridas.
Manolo oyó que ella le preguntaba en voz desusadamente alta si estaba todavía al teléfono: "Como no dices ni pío... Si quieres verme...”, y contestó que sí, dónde, y nombró el primer lugar que se le ocurrió en ese momento.
Poco más tarde, ya camino de casa de Teresa, entre miedoso y gozoso, cuando cruzaba el Paseo de
Los viandantes no podían menos de hacerse cruces cuando veían en la cara de aquella rota marioneta una sonrisa increíble.
Francisco Morales Basurte
RAFAEL MILLÁN PINILLOS NACIÓ EN CASTRO DEL RÍO el 1 de Noviembre de 1919. Sus comienzos profesionales
fueron a los diez años de edad, como aprendiz de cajista en
Rafael es un poeta delicioso, suave y hondo, que lleva consigo en sus poemas una tristeza que logra hacer ternura en su llano y delicioso decir, una expresión intimista incluso en la descripción de lo exterior, que produce una emoción a la vez estética y afectiva.
A pesar del tiempo y la lejanía, Rafael no dejó de tener contacto con Castro, y el nexo de unión con su patria chica fue mi padre, al que siempre llamó su maestro, con quien mantuvo una fiel correspondencia, y que era para él, volviendo a parafrasear sus propias palabras, “a pesar de andar de un lado para otro, de un país a otro país, una isla donde podía tener la seguridad de encontrar cariño, comprensión, paz…”
Después del fallecimiento de mi padre yo continué este contacto y seguí informándole de algunas de las cosas que se cuecen por aquí enviándole, junto con mis cartas, algunas publicaciones locales, como las revistas de Feria Real, de las que es habitual colaborador.
Tampoco dejó de visitarnos en sus frecuentes venidas a España (no le teme coger el avión a pesar de su ya avanzada edad), la última en Mayo de 2007.
Además de impresor, poeta, escritor y traductor, Rafael es amante apasionado de la fotografía y también diseñador gráfico, tareas diversas pero complementarias que, aparte de los libros que ha preparado para otros autores, se han plasmado en la realización casi total de algunos de los suyos, como Lecturas de animales y Lecturas del suburbio, publicadas en EE. UU. y Canadá, en que textos, composición, diseño de portada e interiores y fotografías, fueron obra exclusivamente suya. Muestra de ello fue una interesante exposición en el Pósito Municipal, celebrada en 1992 paralelamente a un concierto de guitarra clásica de su hijo Luís (hoy, además de concertista, Profesor Asistente de Música y Director de Orquesta en
Más de una vez estuvo en el recordado local del Llano San Rafael, allá en los años iniciales de Artesanos, compartiendo tertulia y copa con mi padre y otros amigos (por ahí anda una fotografía de una visita antes de su partida a Brasil), e incluso creo recordar un recital poético que ofreció a sus socios en el que también intervino un destacado fundador y amigo suyo: Tadeo Sánchez-Rincón.
Le informé de la aparición de la revista del Círculo, solicitándole la colaboración de algún trabajo suyo. Y Rafael, desde su lejana residencia de Watertown (Massachussets), donde feliz y lúcidamente cumplió el pasado Noviembre los 90 años de edad, accedió gustosamente a ello, enviándonos el relato Destino, escrito para su libro inédito Cuentos extraños, que se incluye a continuación.


UN AÑO MÁS, a modo de despedida del verano, el Círculo de Artesanos de Castro del Río realizó su ya tradicional viaje recreativo-cultural, que en esta ocasión nos llevó a la ciudad de Granada.
Un gran número de socios y acompañantes nos dimos cita en la mañana del domingo, día 27 de septiembre, para visitar una de las ciudades de España con mayor patrimonio cultural. A lo largo del día recorrimos
Este año sí tuvimos la suerte que no nos acompañó el año anterior en nuestra visita a Sevilla, pues, aunque todo el día estuvo amenazando lluvia, los paraguas y chubasqueros fueron meros objetos de decoración.
Desde las páginas de
Ni que decir tiene que ya nos encontramos pensando y trabajando para el viaje del próximo año.


Empezamos con el Editorial de nuestro Presidente Juan Jurado.

Durante los días de vacaciones estivales, uno tiene tiempo de hacer cosas que en otro período del año no puede, o más bien, de no hacer, como es el caso que quiero traer a colación en este número Uno de “
Es lamentable a lo que ha llegado la televisión española, con esa proliferación de cadenas privadas, que unidas a las públicas, en una feroz competencia, están rivalizando por quién se lleva la mayor parte del pastel de la audiencia, en base a programas en donde el insulto, la descalificación, las peleas conyugales, infidelidades, desavenencias familiares, la proliferación de, no ya personajes, sino “personajillos”, es lo más normal, incluso en horario infantil. Programas donde se prima el morbo, la sensiblería, el sensacionalismo, el escándalo puro y duro. Todo vale para atraer a la audiencia. Es lo que en lenguaje coloquial conocemos como “telebasura”. Esos programas que nadie dice ver, pero que sin embargo son los de mayor audiencia. Y no hay forma humana de librarse de ellos. Ni siquiera haciendo “zapping”. Si cambias de una cadena a otra te encuentras con idéntico formato de programa en donde lo único que cambia es el decorado y los anteriormente denominados “personajillos”, sacados la mayor parte de las veces de otros programas basura, tipo “Gran Hermano”. Programas emitidos en la franja infantil donde las palabrotas son continuas, convirtiendo lo que debería ser una conversación entre un grupo de tertulianos, en un baturrillo de monólogos, donde lo más importante es decirlo mientras más alto mejor, logrando que al final no se entienda nada. Programas donde se les da bombo a la vida privada de tipos que se hacen ricos sin dar un sólo palo al agua. ¡¡ Qué lejos queda ya programas tipo “
Y que decir de los informativos de las distintas cadenas de televisión, donde hay que llenar de contenido una hora de programación, dado que los tradicionales de media hora ya están pasados de moda. Hoy la mayor parte de cualquier informativo es una concatenación de atentados, accidentes de tráfico, catástrofes, violencia de género, etc., etc., etc., y si es mostrando la mayor cantidad de sangre, mucho mejor. En síntesis, la reaparición del periódico “El Caso”.
Si hasta el fútbol es mejor verlo quitándole la voz a la televisión.
¿Por qué la aparición de las cadenas privadas no ha generado una mejor oferta, sino todo lo contrario? ¿Se puede poner freno a esto, o el fenómeno de la “telebasura” aún puede ir a peor?
Afortunadamente siempre hay consuelo mirando a otros países. En Holanda, por ejemplo, una cadena de televisión, tuvo en su programación en horario “prime-time” el programa “El gran show del donante”, durante el que una mujer de 37 años, enferma terminal por un cáncer, selecciona un receptor para sus riñones de entre tres concursantes enfermos renales, o el caso de Jade Goody, la británica que se hizo famosa por el concurso Gran Hermano inglés, cuyo programa tuvo que abandonar cuando le diagnosticaron un cáncer avanzado. Desde entonces grabó su propio programa de televisión en el que desmenuzaba detalles de su enfermedad, para llegar ya en plena metástasis, a anunciar la venta de su boda y muerte por el precio de
Una cosa sí tiene de bueno la televisión de hoy, y es que te permite dormir a pierna suelta sin el más mínimo temor de perderte nada importante, aprovechando así mejor el tiempo en este período estival.
Menos mal que ahora nos llega la televisión digital. ¡¡Qué Dios nos coja confesados!!.
PD: En todo en la vida hay excepciones, como, por ejemplo, el programa “Saber y ganar” y los documentales de la 2.
Un saludo,
Juan Jurado

El viernes día 18 del pasado mes de diciembre se celebró
1.- Lectura y aprobación del acta anterior.
2.- Aprobación de cuentas del ejercicio.
3.-Aprobación del presupuesto del próximo ejercicio.
4.-Ruegos y preguntas.
Una vez aprobadas el acta y las cuentas del ejercicio anterior y el presupuesto del próximo ejercicio se inició un interesante debate sobre las expectativas de futuro de
A continuación se celebró
Presidente:
Juan Jurado Carpio
Vicepresidente:
Cristóbal Pérez Blanco
Secretario:
José González Molina
Vicesecretario:
Fernando Garrido López
Tesorero:
Francisco Cívico Villatoro
Vicetesorero:
Francisco Crespo Torres
Bibliotecario:
Antonio Ángel Erencia Algaba
Vocales:
Rafael Vera Cívico
Juan Porcel Carpio
Miguel Morales Merino