lunes, 13 de diciembre de 2010
Mis lecturas: CALIGULA: Paul Jean Franceschini, Pierre Lunel
Cayo Cesar Germánico "Calígula" se convirtió en emperador romano en el 37 d.C.
Inteligente y cultivado, aunque acomplejado por su físico, tenía dos grandes pasiones: el teatro y Drusila, la más bella de sus hermanas. Calígula comenzó su gobierno adulado por el pueblo y lo terminó siendo detestado por todos.
Se había comportado como el peor de los dictadores, detestado por sus extravagancias, provocaciones y brutalidad. la ambición de poder era tal, que Calígula acabó creyéndose un Dios. Pero su ceguera y autocomplaciencia le impidieron percatarse de la conspiracion que se fraguaba en torno a su persona. Ésta es la historia de un ser fuera de lo común, conocido por su crueldad, lujuria y naturaleza desequilibrada, y por las intrigas familiares y políticas en las que participó.
El libro no ha estado mal, la narrativa es fluida y amena, aunque puede que la rigurosidad histórica no esté demasiado contrastada.
Se puede leer (6 sobre 10)
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domingo, 28 de noviembre de 2010
MIS LECTURAS: La Caída de los Gigantes
La caída de los gigantes sumerge al lector en una historia cargada de épica. Ésta primera novela, que forma parte de una trilogía, sigue los destinos de cinco familias diferentes a lo largo y ancho del mundo. Desde América a Alemania, Rusia, Inglaterra y Gales, Follet sigue la evolución de sus personajes a través de la Primera Guerra Mundial, la Revolución Rusa y las primeras luchas por los derechos de la mujer.
Como siempre, Follet pone un especial interés por su tierra natal, Gales, al comenzar con la historia de Billy Williams, un sencillo minero; en América encontramos a Gus Dewar, un estudiante de derecho con el corazón partido por un desengaño amoroso. En Rusia, dos hermanos huérfanos, Grigori y Lev se ven en medio de una revolución que trastoca sus vidas y acaba por separar sus caminos. Como nudo entre las historias encontramos a la hermana de Williams, quien trabaja en Inglaterra como ama de llaves de Lady Fitzherbert, enamorada de un espía alemán, Walter von Ulrich.
Poco a poco estos personajes irán encontrándose a medida que la inmensa maquinaria creada por Follet avance, tan deprisa y violenta como el principio del siglo XX en el que se ven inmersos.
En los siguientes volúmenes de la trilogía, Follet seguirá con las mismas familias, creando un gran texto generacional con el que escribir y retratar uno de los siglos más terribles y maravillosos de la historia de la humanidad.
¿Lo quieres leer?:
Lo tienes en este enlace:
La Caída de los gigantes
Como siempre, Follet pone un especial interés por su tierra natal, Gales, al comenzar con la historia de Billy Williams, un sencillo minero; en América encontramos a Gus Dewar, un estudiante de derecho con el corazón partido por un desengaño amoroso. En Rusia, dos hermanos huérfanos, Grigori y Lev se ven en medio de una revolución que trastoca sus vidas y acaba por separar sus caminos. Como nudo entre las historias encontramos a la hermana de Williams, quien trabaja en Inglaterra como ama de llaves de Lady Fitzherbert, enamorada de un espía alemán, Walter von Ulrich.
Poco a poco estos personajes irán encontrándose a medida que la inmensa maquinaria creada por Follet avance, tan deprisa y violenta como el principio del siglo XX en el que se ven inmersos.
En los siguientes volúmenes de la trilogía, Follet seguirá con las mismas familias, creando un gran texto generacional con el que escribir y retratar uno de los siglos más terribles y maravillosos de la historia de la humanidad.
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La Caída de los gigantes
lunes, 1 de noviembre de 2010
¡HÁBLEME DE USTED!
He encontrado este artículo de opinión de Don Miguel Santos Guerra, Catedrático de la Universidad de Málaga, y que viene al pelo con los tiempos que nos toca vivir. Lo transcribo y después reflexiono sobre él.
Pienso que la 'tribu' educa. Necesitamos 'Jefes-as de tribu' más responsables y comprometidos-as con el bien común de quienes, entre otras cosas, les pagamos el sueldo y las prebendas.
En Educación NO, pero ¡claro!, en ese asunto SÍ que hay consenso de todos los partidos políticos, solidamente asentado en el concepto de Democracia que tiene la indigna casta política que padecemos.
Entiendo, con la debida prevención al generalizar, que los partidos políticos son 'campos de concentración' de las ideas cuya principal (si no única) finalidad es alcanzar y mantenerse en el poder a cualquier precio. Y por ahí, precisamente, es por donde a mi escaso entender comienza el problema.
Es lo que opino, sin ánimo de herir a quienes sirven ideales nobles y dignos de mi admiración y el mayor respeto. «¡Dios, qué buen vasallo, si tuviese buen señor!» que aparece en el Cantar del Mio Cid.
Me cuenta una amiga, con una larga y rica experiencia en cuestiones judiciales, que asistiendo un día a un juicio en un juzgado de primera instancia oye cómo el juez le pregunta a un joven delincuente sobre sus reiteradas fechorías relacionadas con el quebrantamiento de la propiedad ajena. El chico le contesta al juez con desparpajo tratándole insistentemente de tú.
- Porque tú ya sabes que… Como ya te dije antes… Lo que tienes que comprender…
Llegado un momento, el juez, sorprendido y un tanto molesto por esa inhabitual familiaridad que él no había propiciado, le dice al joven:
- Por favor, hábleme de usted.
Su señoría y todos los presentes se quedaron atónitos al escuchar la displicente contestación del acusado:
- ¿Y qué te voy a contar yo de mi vida?
La anécdota me parece tan significativa como oportuna. Llega un momento en que, a fuerza de despreciar las muestras de respeto, acaban por desaparecer. El joven de esta verídica historia ni siquiera entiende la solicitud que le hace el juez. Muy al contrario, acostumbrado a pensar sólo en sí mismo, entiende que su señoría está interesado en conocer los pormenores de su acreditada carrera.
Creo que se están perdiendo muchas muestras de respeto (ya sé que no constituyen el respeto en sí, ya sé que a veces se sustentan en la hipocresía) pero que lo sostienen, lo valoran y lo desarrollan.
Voy a referirme a un elemento que influye en el desarrollo de la ordinariez, de la falta cuidado, de la forma irrespetuosa de dirigirse y de tratar a los otros. Me refiero a esos chabacanos programas de televisión en los que parece que pretenden hacer un catálogo de faltas de respeto. Mencionaré algunas:
La forma soez de expresarse. En los diálogos, en los debates, en las intervenciones se habla de manera desvergonzada, de manera chabacana.
La utilización de insultos para descalificar el comportamiento o las palabras de los demás. Quien emplea insultos de mayor bulto parece tener más razón. Da vergüenza ajena ser testigo de ese desparpajo en agredir, en descalificar, en insultar.
Los gritos como forma habitual de diálogo. Aquí se produce también una competición irracional: quien más grita es quien acaba llevándose el gato al agua, quien parece tener la verdad.
Los gestos procaces. No hace falta esperar mucho para ver un corte de mangas, una pedorreta, una expresión mímica grosera. No sólo lo que se dice sino las formas de expresarlo suelen ser poco elegantes.
Los atropellos del turno de intervención. Es habitual escuchar cómo dos, o tres, o cinco hablan a la vez, sin esperar el turno, sin que se les haya dado la palabra. A los moderadores o moderadoras les cuesta mantener el orden, imponer un turno de intervenciones, conceder el derecho a réplica…Los contertulios tienen encendidos sus móviles y reciben llamadas y mensajes que muestra como trofeos a los demás y a toda la audiencia. Mientras lo hacen, ¿pueden escuchar a quien está hablando?
La exhibición de comportamientos salaces como una forma de modernidad, de autenticidad, de espontaneidad y de saber hacer. Mientras más explícito y más procaz sea lo que se cuenta o hace, mejor.
El cotilleo sobre la vida de los otros bajo excusas de lo más pintoresco: estamos trabajando (también los asesinos o los terroristas están trabajando cuando matan), una vez vendieron su vida privada y por eso han renunciado a ella (es como si por haber vendido un sofá se deduce la obligación de vender la casa), es que ese tipo de noticias interesa a la gente (y si a la gente le interesasen las torturas, ¿habría que torturar?)…
La invasión de la vida privada: exhibición de fotos íntimas, relato de experiencias familiares, desvelamiento de infidelidades… Vale todo con tal de ganar audiencia, de mantener el circo, de alargar la espiral de la ordinariez. O con tal de ganar un poco o un mucho de dinero: criadas o criados que cuentan la vida íntima de sus empleadores, novios y novias que cuentan con detalle las relaciones íntimas, esposos que describen con pelos y señales las infidelidades…
El enfrentamiento entre familiares y amigos: padres e hijos, esposos y esposas, hermanos y hermanas, amigos y amigas… Valen traiciones, lucha por la herencia, conflictos de adolescentes…
Burlas sobre la identidad sexual, sobre la relación íntima con otras personas, sobre los comportamientos profesionales… Todo vale. Nadie pone un límite a las provocaciones y a los escándalos porque unas cadenas compiten con otras. Y hay que llevarse la audiencia.
Resulta tramposo y repugnante ese círculo maldito que justifica esa exhibición de ordinariez diciendo que es lo que desea la audiencia. Mentira. La audiencia también desea que los responsables repartan gratuitamente mil euros a cada espectador. ¿Se lo dan? ¿No les importa mucho la audiencia? ¿No pretenden tenerla contenta? Sí, pero con tal de que esa satisfacción llene sus bolsillos. Lo tremendo es que algunos de esos programas son premiados luego por su originalidad, por su capacidad de innovación, por su éxito en el número de espectadores. Es como si premiase a un gángster por la originalidad con la que ha despachado a su víctima.
Dicen algunos de estos señores y señoras que su deber no es educar. ¿Cómo que no? Su deber es poner un granito de arena para hacer una sociedad mejor, una sociedad en la que todos y todas podamos vivir dignamente. Y, desde luego, su deber, es no ofrecer un ejemplo constante de ordinariez, de zafiedad y de estupidez. Si disponen de un ratito y en sus cabezas queda un rinconcito para pensar en lo que están haciendo lean el libro “El poder de la estupidez”.
En ese caldo de cultivo crecen nuestros niños y nuestros jóvenes. En ese clima de falta de respeto a la dignidad de las personas se desarrolla nuestra infancia y nuestra juventud. No me extraña que cuando a un joven le dicen “hábleme de usted” entienda que le están pidiendo que cuenta sus fecharías. Ojalá sepamos educarlos para que sean espectadores críticos y no se traguen sin pestañear tanta porquería.
- Porque tú ya sabes que… Como ya te dije antes… Lo que tienes que comprender…
Llegado un momento, el juez, sorprendido y un tanto molesto por esa inhabitual familiaridad que él no había propiciado, le dice al joven:
- Por favor, hábleme de usted.
Su señoría y todos los presentes se quedaron atónitos al escuchar la displicente contestación del acusado:
- ¿Y qué te voy a contar yo de mi vida?
La anécdota me parece tan significativa como oportuna. Llega un momento en que, a fuerza de despreciar las muestras de respeto, acaban por desaparecer. El joven de esta verídica historia ni siquiera entiende la solicitud que le hace el juez. Muy al contrario, acostumbrado a pensar sólo en sí mismo, entiende que su señoría está interesado en conocer los pormenores de su acreditada carrera.
Creo que se están perdiendo muchas muestras de respeto (ya sé que no constituyen el respeto en sí, ya sé que a veces se sustentan en la hipocresía) pero que lo sostienen, lo valoran y lo desarrollan.
Voy a referirme a un elemento que influye en el desarrollo de la ordinariez, de la falta cuidado, de la forma irrespetuosa de dirigirse y de tratar a los otros. Me refiero a esos chabacanos programas de televisión en los que parece que pretenden hacer un catálogo de faltas de respeto. Mencionaré algunas:
La forma soez de expresarse. En los diálogos, en los debates, en las intervenciones se habla de manera desvergonzada, de manera chabacana.
La utilización de insultos para descalificar el comportamiento o las palabras de los demás. Quien emplea insultos de mayor bulto parece tener más razón. Da vergüenza ajena ser testigo de ese desparpajo en agredir, en descalificar, en insultar.
Los gritos como forma habitual de diálogo. Aquí se produce también una competición irracional: quien más grita es quien acaba llevándose el gato al agua, quien parece tener la verdad.
Los gestos procaces. No hace falta esperar mucho para ver un corte de mangas, una pedorreta, una expresión mímica grosera. No sólo lo que se dice sino las formas de expresarlo suelen ser poco elegantes.
Los atropellos del turno de intervención. Es habitual escuchar cómo dos, o tres, o cinco hablan a la vez, sin esperar el turno, sin que se les haya dado la palabra. A los moderadores o moderadoras les cuesta mantener el orden, imponer un turno de intervenciones, conceder el derecho a réplica…Los contertulios tienen encendidos sus móviles y reciben llamadas y mensajes que muestra como trofeos a los demás y a toda la audiencia. Mientras lo hacen, ¿pueden escuchar a quien está hablando?
La exhibición de comportamientos salaces como una forma de modernidad, de autenticidad, de espontaneidad y de saber hacer. Mientras más explícito y más procaz sea lo que se cuenta o hace, mejor.
El cotilleo sobre la vida de los otros bajo excusas de lo más pintoresco: estamos trabajando (también los asesinos o los terroristas están trabajando cuando matan), una vez vendieron su vida privada y por eso han renunciado a ella (es como si por haber vendido un sofá se deduce la obligación de vender la casa), es que ese tipo de noticias interesa a la gente (y si a la gente le interesasen las torturas, ¿habría que torturar?)…
La invasión de la vida privada: exhibición de fotos íntimas, relato de experiencias familiares, desvelamiento de infidelidades… Vale todo con tal de ganar audiencia, de mantener el circo, de alargar la espiral de la ordinariez. O con tal de ganar un poco o un mucho de dinero: criadas o criados que cuentan la vida íntima de sus empleadores, novios y novias que cuentan con detalle las relaciones íntimas, esposos que describen con pelos y señales las infidelidades…
El enfrentamiento entre familiares y amigos: padres e hijos, esposos y esposas, hermanos y hermanas, amigos y amigas… Valen traiciones, lucha por la herencia, conflictos de adolescentes…
Burlas sobre la identidad sexual, sobre la relación íntima con otras personas, sobre los comportamientos profesionales… Todo vale. Nadie pone un límite a las provocaciones y a los escándalos porque unas cadenas compiten con otras. Y hay que llevarse la audiencia.
Resulta tramposo y repugnante ese círculo maldito que justifica esa exhibición de ordinariez diciendo que es lo que desea la audiencia. Mentira. La audiencia también desea que los responsables repartan gratuitamente mil euros a cada espectador. ¿Se lo dan? ¿No les importa mucho la audiencia? ¿No pretenden tenerla contenta? Sí, pero con tal de que esa satisfacción llene sus bolsillos. Lo tremendo es que algunos de esos programas son premiados luego por su originalidad, por su capacidad de innovación, por su éxito en el número de espectadores. Es como si premiase a un gángster por la originalidad con la que ha despachado a su víctima.
Dicen algunos de estos señores y señoras que su deber no es educar. ¿Cómo que no? Su deber es poner un granito de arena para hacer una sociedad mejor, una sociedad en la que todos y todas podamos vivir dignamente. Y, desde luego, su deber, es no ofrecer un ejemplo constante de ordinariez, de zafiedad y de estupidez. Si disponen de un ratito y en sus cabezas queda un rinconcito para pensar en lo que están haciendo lean el libro “El poder de la estupidez”.
En ese caldo de cultivo crecen nuestros niños y nuestros jóvenes. En ese clima de falta de respeto a la dignidad de las personas se desarrolla nuestra infancia y nuestra juventud. No me extraña que cuando a un joven le dicen “hábleme de usted” entienda que le están pidiendo que cuenta sus fecharías. Ojalá sepamos educarlos para que sean espectadores críticos y no se traguen sin pestañear tanta porquería.
Totalmente de acuerdo con lo que escribe Miguel Ángel Santos. Parece que los valores democráticos se han mal interpretado, y libertad NO equivale a respeto y responsabilidad, sino a 'todo-vale', y más si deja mucho dinero o poder (que van de la mano). Flaco favor.
Pienso que la 'tribu' educa. Necesitamos 'Jefes-as de tribu' más responsables y comprometidos-as con el bien común de quienes, entre otras cosas, les pagamos el sueldo y las prebendas.
En Educación NO, pero ¡claro!, en ese asunto SÍ que hay consenso de todos los partidos políticos, solidamente asentado en el concepto de Democracia que tiene la indigna casta política que padecemos.
Entiendo, con la debida prevención al generalizar, que los partidos políticos son 'campos de concentración' de las ideas cuya principal (si no única) finalidad es alcanzar y mantenerse en el poder a cualquier precio. Y por ahí, precisamente, es por donde a mi escaso entender comienza el problema.
Es lo que opino, sin ánimo de herir a quienes sirven ideales nobles y dignos de mi admiración y el mayor respeto. «¡Dios, qué buen vasallo, si tuviese buen señor!» que aparece en el Cantar del Mio Cid.
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Artículos de opinión
domingo, 31 de octubre de 2010
MIS LECTURAS: BAUDOLINO, de Umberto Eco
CORRE EL AÑO 1204 y Constantinopla, cuyas maravillas han asombrado al mundo durante siglos, está siendo arrasada, no por los turcos, como podría pensarse, sino por los cruzados: bárbaros del Norte, trapaceros y cismáticos, impulsivos y volubles como sus fronteras, sus alianzas y sus lenguas.
Nicetas Coniates, historiador y canciller del basileo de Bizancio, contempla con asombro, refugiado en Santa Sofía, como se profanan incluso los símbolos más sagrados del cristianismo por aquellos que dicen haber venido a defenderlo contra el infiel. A punto de ser asesinado es salvado, in extremis, por un caballero cuyo hábito de cruzado enseguida se revelará como engañoso, como todo en él, por otra parte.
Baudolino, que así dice llamarse, consigue para Nicetas y su familia un lugar en el que esperar el final del saqueo y preparar la huída. Mientras tanto y para entretener la espera decide relatar su vida al bizantino. De esta forma Nicetas se transformará de salvado en salvador, ya que toda vida necesita un testigo para no perderse en el olvido, pues ¿puede decirse que existió una vida que nadie conoce?
Dos dones le han sido otorgados a Baudolino para enfrentarse a su destino que son como dos caras de la misma moneda: el don de lenguas y el don de la mentira. Siendo apenas un niño y mientras vagabundea por los campos del Piamonte tropieza, por casualidad, con Federico I "Barbarroja", cabeza del sacro imperio romano, quien encandilado tanto por su viveza, como por sus historias, decide llevarlo con él, convirtiéndolo prácticamente en su hijo adoptivo. A partir de ese momento Baudolino será testigo privilegiado de las tribulaciones de un emperador abrumado por las disputas con el papado, con sus primos germánicos, con las engañosas alianzas entre las ciudades italianas... El chico pronto aprende que las mentiras que cuenta, las fábulas que inventa, tienen una extraña manera de hacerse realidad.
Así sucederá con la carta del Preste Juan que Baudolino escribe fascinado por la aureola mítica de un rey cristiano (aunque nestoriano) que gobierna en las lejanas tierras de Oriente, cerca ya del Paraíso Terrenal, de donde proceden los Magos de los que desciende el propio Preste, donde es posible que se encuentren las diez tribus perdidas de Israel y donde incluso es probable que se guarde el Santo Grial, la reliquia más preciosa de toda la cristiandad.
¿Qué ocurriría, se pregunta Baudolino, si el Preste Juan escribiese al emperador, ofreciéndole como prenda de amistad el Santo Grial? Pues que Federico quedaría definitivamente legitimado frente a las intrigas e intentos de imposición del poderoso papado. Y la carta misteriosamente comienza a generar Historia, antes incluso de que Baudolino la ponga en circulación.
Como Historia generan otras intrigas de Baudolino: la fundación de la ciudad de Alessandría; la aparición de la sábana santa...
Pero Baudolino caerá, como otros grandes mentirosos, víctima de su propia trampa y en la segunda parte del libro, cuando tras la muerte de Federico emprenda por su cuenta la búsqueda del reino que le obsesiona, se verá metido de lleno en el mundo que él mismo ha contribuido a crear. Aquí la novela entra directamente en el relato fantástico y ante Baudolino que vive la historia, Nicetas que la escucha y el lector que la lee empiezan a desfilar todas las criaturas que inflaman la imaginación del hombre medieval : los esciápodos , que se protegen del sol utilizando como sombrilla su único pie ; los blemias, sin cabeza y por tanto con los ojos y la boca en el torso; los panacios, cuyas orejas son tan enormes que les sirven como abrigo en época de frío, los unicornios que sólo acuden al regazo de una virgen, los sátiros con patas de cabra, las hipatias...
Nicetas escucha fascinado mientras no puede dejar de preguntarse cuanto hay de verdad en todo lo que cuenta el piamontés, que afirma haber hecho de la mentira el Norte de su vida y no niega, sino todo lo contrario, los numerosos engaños de los que ha formado parte, Pues ¿es verdad lo que niega un mentiroso? y lo que afirma, ¿es mentira?... ¿Qué necesita un relato, sea cierto o no, para transformarse en Historia? Un cronista que la ponga por escrito. Nicetas, por escrúpulo de su conciencia no lo hará, pero uno siempre puede confiar en que el futuro parirá a un narrador con menos escrúpulos y más inclinado a la mentira... Y como ya había advertido Otón a Baudolino " El mundo condena a los mentirosos que no hacen más que mentir, también sobre lo ínfimo, y premia a los Poetas, que mienten sólo sobre lo excelso".
Esta novela es sin duda puro Eco: abrumadora cultura, erudición, juegos verbales y lingüísticos, con invención de idiomas incluidos (ardua tarea la de la traductora), vocabulario amplísimo ,disputas teológicas y científicas, intrigas y misterios sin resolver, gnosticismo, estilo cuidado y frío, muy frío... Un divertimento, en fin, para su autor, que consigue seducir a un lector en general ya entregado de antemano y que por tanto perdona al escritor el hecho de que los personajes sean absolutamente planos en su nula evolución; uno casi no advierte diferencia entre el Baudolino que comienza el relato (casi un niño) y el que lo termina tras haber pasado un sinfín de experiencias, convertido en un anciano; mientras que el resto de los personajes que acompañan al protagonista, incluso aquellos más importantes en su vida, no suscitan ningún tipo de emoción en sus avatares, salvo quizás y desde mi punto de vista el diácono quien a pesar de su insignificancia consigue transmitir cierta calidez.
En definitiva, si te gusta Umberto, te gustará Baudolino
domingo, 24 de octubre de 2010
MIS LECTURAS: La princesa de hielo de Camilla Lackberg
SIPNOSIS; Cuando la joven escritora Erica vuelve a su pueblo natal tras el fallecimiento de sus padres para hacerse cargo de su casa, no se puede ni imaginar que se verá envuelta en la truculenta historia de un crimen cuyos protagonistas son sus propios amigos de la infancia. Unos vecinos acaban de encontrar el cadáver de una de sus amigas de entonces, Alex, quien, según parece, se ha suicidado.
La acción se desarrolla en un pueblecito costero de Suecia, cerca de Goteborg, donde la protagonista, Erica, una mujer de 35 años que trabaja como escritora de biografías en Estocolmo, regresa para hacerse cargo de la casa de su familia. Sus padres acaban de morir en un accidente de tráfico y ella, bajo las presiones de su hermana y su cuñado, que pretenden vender la hermosa casa familiar, debe poner en orden todas las cosas que los muertos dejan. Pero no le va a resultar tan fácil, pues otra muerte se cruza en su camino: la de su mejor amiga de la infancia, con la que no tiene contacto desde hace 25 años, pero a la que encuentra asesinada en su bañera. A partir de aquí, se desarrolla una apasionante historia que mezcla la investigación policial con la vida privada, el pasado con el presente y un número importante de personajes que se van enredando en una trama verdaderamente muy entretenida. El ritmo es muy sostenido y constante, y no decae ni cuando se centra en la parte puramente privada de los personajes, al margen de la investigación. Consigue además la autora crear un ambiente muy cálido en medio del frío sueco: describe muy bien las casas, las cocinas, las comidas, y hace ver lo bien que se sienten los personajes con los lugares que les son queridos. Eso me ha gustado muchísimo, aparte de la historia en sí.
Puede que quizás al final tengamos la tentación de pensar que algo es exagerado, o traído por los pelos, pero de verdad que se le perdona fácilmente. Me alegro de haber descubierto a esta autora que vuelve a un género tan difícil, por lo desarrollado, sin tratar de salirse de los cánones que impone el género. Sin pretensiones. Esto es una novela policíaca y ya está. Hay crímenes, misterios, asesinos, secretos de familia... Si además resulta que hay amores y otros temas secundarios, pues bien venidos sean, porque no resultan postizos. Les dedica el espacio que les debe dedicar, sin más. Ha conseguido muy bien dar el tiempo y el espacio necesarios para cada ámbito de la historia. Y así se puede afirmar que las últimas 150 páginas se devoran, buscando ya la resolución a tanta incógnita.
Me alegro de saber que hay una continuación, "Los gritos del pasado". Aunque no sé si Erica, Patrik y sobre todo el pequeño pueblo de Fjällbacka darán para mucho. Pero de momento, se merece que le demos una oportunidad.
Muy recomendable para quien quiera recuperar el placer de una buena historia, muy bien contada. Puede ser aconsejable para alumnos a partir de 4º de ESO.
Conmocionada, Erica empieza a investigar y descubre que Alex estaba embarazada; además, la autopsia revela que su amiga no se suicidó sino que fue asesinada. El policía encargado del caso es el detective Patrik Hedström, para quien Erica siente algo más que mero interés profesional.
OPINIÓN:"Misterios y secretos familiares en una emocionante novela de suspense", dice la portada. Y sí, exactamente eso es. Una apasionante novela de suspense que consigue absolutamente su propósito: enganchar al lector, sumergirlo en la trama, conducirlo a formular hipótesis sobre el presunto asesino, sobre los presuntos móviles, y comprobar al final hasta dónde nos ha tenido despistados la autora.
La acción se desarrolla en un pueblecito costero de Suecia, cerca de Goteborg, donde la protagonista, Erica, una mujer de 35 años que trabaja como escritora de biografías en Estocolmo, regresa para hacerse cargo de la casa de su familia. Sus padres acaban de morir en un accidente de tráfico y ella, bajo las presiones de su hermana y su cuñado, que pretenden vender la hermosa casa familiar, debe poner en orden todas las cosas que los muertos dejan. Pero no le va a resultar tan fácil, pues otra muerte se cruza en su camino: la de su mejor amiga de la infancia, con la que no tiene contacto desde hace 25 años, pero a la que encuentra asesinada en su bañera. A partir de aquí, se desarrolla una apasionante historia que mezcla la investigación policial con la vida privada, el pasado con el presente y un número importante de personajes que se van enredando en una trama verdaderamente muy entretenida. El ritmo es muy sostenido y constante, y no decae ni cuando se centra en la parte puramente privada de los personajes, al margen de la investigación. Consigue además la autora crear un ambiente muy cálido en medio del frío sueco: describe muy bien las casas, las cocinas, las comidas, y hace ver lo bien que se sienten los personajes con los lugares que les son queridos. Eso me ha gustado muchísimo, aparte de la historia en sí.
Puede que quizás al final tengamos la tentación de pensar que algo es exagerado, o traído por los pelos, pero de verdad que se le perdona fácilmente. Me alegro de haber descubierto a esta autora que vuelve a un género tan difícil, por lo desarrollado, sin tratar de salirse de los cánones que impone el género. Sin pretensiones. Esto es una novela policíaca y ya está. Hay crímenes, misterios, asesinos, secretos de familia... Si además resulta que hay amores y otros temas secundarios, pues bien venidos sean, porque no resultan postizos. Les dedica el espacio que les debe dedicar, sin más. Ha conseguido muy bien dar el tiempo y el espacio necesarios para cada ámbito de la historia. Y así se puede afirmar que las últimas 150 páginas se devoran, buscando ya la resolución a tanta incógnita.
Me alegro de saber que hay una continuación, "Los gritos del pasado". Aunque no sé si Erica, Patrik y sobre todo el pequeño pueblo de Fjällbacka darán para mucho. Pero de momento, se merece que le demos una oportunidad.
Muy recomendable para quien quiera recuperar el placer de una buena historia, muy bien contada. Puede ser aconsejable para alumnos a partir de 4º de ESO.
sábado, 10 de julio de 2010
Mi última lectura: ¡DIME QUIÉN SOY! de Julia Navarro
SIPNOSIS: Una periodista recibe una propuesta para investigar la azarosa vida de su bisabuela, una mujer de la que sólo se sabe que huyó de España abandonando a su marido y a su hijo poco antes de que estallara la Guerra Civil. Para rescatarla del olvido deberá reconstruir su historia desde los cimientos, siguiendo los pasos de su biografía y encajando, una a una, todas las piezas del inmenso y extraordinario puzzle de su existencia.
Marcada por los hombres que pasaron por su vida -el empresario Santiago Carranza, el revolucionario Pierre Comte, el periodista estadounidense Albert James y el médico militar vinculado al nazismo Max von Schumann-, la vida de Amelia Garayoa es la de una mujer que aprendió que en la vidsa no se puede volver sobre el pasado para deshacerlo. Desde la España republicana hasta la caída del Muro de Berlín, pasando por la Segunda Guerra mundial y los oscuros años de la Guerra fría, esta burguesa y revolucionaria, esposa y amante, espía y asesina, actuará siempre de acuerdo a sus principios, enfrentándose a todo y cometiendo errores que no terminará nunca de pagar.
MI COMENTARIO:Demasiado explícita en su forma de escribir y contar las historias, redundante en muchas ocasiones, Julia Navarro trata de llevar al lector tan de la mano, que la lectura del libro cansa desde sus primeras páginas. Quizá la trama valga la pena y sea ahí donde la gente valore a la autora, pero es bueno dejar algunas cosas a la imaginación del lector sin que por ello la trama o la novela de resientan. Julia Navarro lo impide en todo momento, trata de dirigir no sólo a los personajes del libro, también al lector. Ya me pasó en La Biblia de barro y me vuelve a pasar en Dime quién soy, la forma de contar la historia me resulta cansina, repetitiva a más no poder y excesivamente forzada.
Marcada por los hombres que pasaron por su vida -el empresario Santiago Carranza, el revolucionario Pierre Comte, el periodista estadounidense Albert James y el médico militar vinculado al nazismo Max von Schumann-, la vida de Amelia Garayoa es la de una mujer que aprendió que en la vidsa no se puede volver sobre el pasado para deshacerlo. Desde la España republicana hasta la caída del Muro de Berlín, pasando por la Segunda Guerra mundial y los oscuros años de la Guerra fría, esta burguesa y revolucionaria, esposa y amante, espía y asesina, actuará siempre de acuerdo a sus principios, enfrentándose a todo y cometiendo errores que no terminará nunca de pagar.
MI COMENTARIO:Demasiado explícita en su forma de escribir y contar las historias, redundante en muchas ocasiones, Julia Navarro trata de llevar al lector tan de la mano, que la lectura del libro cansa desde sus primeras páginas. Quizá la trama valga la pena y sea ahí donde la gente valore a la autora, pero es bueno dejar algunas cosas a la imaginación del lector sin que por ello la trama o la novela de resientan. Julia Navarro lo impide en todo momento, trata de dirigir no sólo a los personajes del libro, también al lector. Ya me pasó en La Biblia de barro y me vuelve a pasar en Dime quién soy, la forma de contar la historia me resulta cansina, repetitiva a más no poder y excesivamente forzada.
viernes, 2 de julio de 2010
Zapatero a tus zapatos
Cuando uno se mete en en terreno de otros, saca los pies de su tiesto o valora, no muy positivamente, un trabajo ajeno su dominio, se arriesga a que le suelten este dicho a la cara. Una forma un poco más elegante de decirle a alguien que se meta en sus asuntos.Esto ya ocurría en la antigua Grecia, origen de este dicho. Al parecer no era extraño que alguien acudiera al ágora (la plaza pública) para que el público valorara su obra. En una ocasión, Apeles, un famoso pintor, expuso allí un retrato. Un zapatero le recriminó que algunas partes no estaban del todo conseguidas, en concreto, el dibujo de las sandalias. El pintor, humildemente, reconoció los fallos y retocó el cuadro en su taller. Eso sí, el consejo venía de un experto.
Volvió al ágora después de los retoques y allí se encontró de nuevo el zapatero. Este, ligeramente orgulloso por haber dado tan buena opinión, a su juicio, en la primera ocasión, al ver que el pintor había modificado la obra, hizo otra serie de reproches ajenos esta vez al calzado. El pintor Apeles, un pelín irritado por la arrogancia del casual crítico, le dijo aquello de “zapatero a tus zapatos”, y ahí nació este famoso dicho.
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Dichos y hechos; Curiosidades
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